El otro día, un amigo, molestando, me dijo “burgués, rico, millonario”, aseveración sin fundamento ya que, aunque nunca he sido desposeído, tampoco he vivido en la extrema opulencia. Más tarde, cavilando al respecto, me di cuenta que en algo tenía razón, aunque sólo en parte.
He sido rico en tanto que nací en una familia que siempre me ha querido. Hijo de unos padres que se sacrificaron, trabajaron y se esforzaron para darme todo lo que creyeron que podía necesitar. He sido rico en tanto que he aprendido el valor de la educación y en tanto que tuve la oportunidad de recibirla.
He sido rico en tanto que pude aprender desde temprana edad el valor de la amistad, el tesoro invaluable que es un amigo. He sido rico en tanto que he tenido grandes amigos a los que he querido mucho y que me han querido mucho a mí y por quienes siempre he estado dispuesto a hacer cualquier sacrificio, a correr cualquier riesgo y a pesar de que muchos se han ido (por diversas razones) a los que han quedado los quiero más que a mi mismo.
He sido rico en tanto que me fueron inculcados valores desde pequeño. Me enseñaron a perdonar y a pedir perdón, me enseñaron el valor de la verdad. Me enseñaron a ser solidario, respetuoso y responsable. Me enseñaron a vivir siempre en respeto a las leyes. Me enseñaron el valor de la justicia y la no-discriminación. Aprendí a tratar a todas las personas de igual forma y a no segregar a nadie. A no tener prejuicios por el lugar de origen o las costumbres o la apariencia física. A ver más allá de lo material, la ropa, el dinero, a ver a la persona que hay en el interior, adonde todos somos iguales. A juzgar los hechos y las actitudes, no las personas ni las apariencias.
He sido rico en tanto que he aprendido el valor de la lectura y de la música. La primera porque es capaz de llevarnos a mundos lejanos y nos permite conocer historias y personajes extraordinarios. La segunda porque puede adaptarse a nuestro estado de ánimo y ayudar a relajarnos, a hacer la tristeza más llevadera y la alegría más fuerte.
He sido rico en tanto que me enseñaron la importancia del ahorro y la previsión en un mundo donde la gente siente la necesidad de gastarlo todo lo más rápido posible.
He sido rico en tanto que fui criado y educado en la fe católica y he tenido la oportunidad de servir como monaguillo y sacristán durante ya casi una década en un mundo cada día más perdido y lleno de perversión.
He sido rico en tanto que he conocido el amor, he conocido la alegría de una reunión y también el dolor de la pérdida, todos parte de nuestra propia naturaleza humana. He conocido la total devoción y entrega a otra persona y he conocido el rechazo.
He sido rico en tanto que aprendí a mantenerme alejado de las drogas, las malas influencias, las malas amistades, y que siempre he tratado de ser un buen ejemplo para mis amigos, tratando a la vez de mantenerlos alejados de las drogas y otras tantas cosas dañinas que hay en este mundo.
He sido rico en tanto que he aprendido a apreciar las pequeñas cosas de la vida. La maravillosa belleza de un amanecer, el valor de un abrazo, de una palmada en la espalda, la importancia de demostrar el cariño a otros con acciones, más que con palabras. He aprendido la importancia de escuchar y ser escuchado. He aprendido a llorar con el que llora y a reír con el que ríe (en forma solidaria, no hipócrita, claro está). He aprendido a valorar una palabra de aliento, así como a disfrutar el silencio cuando lo poseo.
He sido rico en tanto que he aprendido el valor de tener un buen amigo con el cual poder hablar de cualquier cosa, un confidente a quien poder contarle nuestros problemas y pensamientos más personales con total seguridad de que no va a comentarlos con nadie más. Alguien que siempre va a estar ahí para escucharnos, para aconsejarnos. He aprendido a valorar y aceptar un consejo, especialmente si viene de alguien con mayor experiencia.
He sido rico en tanto que he aprendido el valor de los sueños y de luchar por alcanzarlos. Así como también he aprendido que nunca es tarde para replantearlos, para detenernos un momento a pensar sobre lo que hemos hecho hasta ahora y tomar un nuevo camino, una nueva dirección, porque nada es definitivo, sólo la muerte.
He sido rico en tanto que he aprendido a tener la humildad para reconocer mis errores y tratar de repararlos, aunque a veces sea difícil y duela un poco, así como también a aprender de mis errores y crecer con ellos. De igual manera he aprendido a aceptar los errores de los demás porque, al fin y al cabo todos somos humanos y tenemos derecho a equivocarnos.
He sido rico en tanto que he aprendido a lo largo de mi vida que mi ignorancia excede por mucho a mi conocimiento, así como también he aprendido a compartir este conocimiento, por limitado que sea, con otros. He descubierto la alegría de enseñar al que no sabe y ayudar al que lo necesita. He aprendido a reconocer mis limitaciones, que no puedo hacerlo todo solo, a veces necesito ayuda…también he aprendido a pedirla cuando es el caso.
He sido rico en tanto que he aprendido la importancia de una buena salud. Sólo tengo un cuerpo y si lo daño, ese daño es permanente y ninguna cantidad de arrepentimiento lo va a arreglar. La salud es un tesoro que debemos cuidar a toda costa porque la impresionante maquinaria del cuerpo humano, por increíblemente capaz que sea, no deja de ser frágil.
He sido rico en tanto que he aprendido a valorar un buen sentido del humor. Reír con un chiste, apreciar una broma, disfrutar una situación graciosa, cosas que hacen más llevadera la tensión y la seriedad de la vida moderna.
He sido rico en tanto que he sabido mantener vivo al niño interior, a mantener esa curiosidad infantil, esa alegría que tienen los niños para quienes todo es nuevo, todo es maravilloso, todo es curioso y digno de investigar y conocer.
He sido rico en tanto que he aprendido que la vida es muy corta y puede terminar en lo que dura un parpadeo. Por eso es que debemos aprovechar al máximo el tiempo que se nos ha dado para hacer una diferencia en este mundo y en la vida de quienes nos rodean de manera que cuando muera, sea dentro de unos días, unos meses o varias décadas, si alguien llegara a extrañarme, si a alguien le llegara a hacer falta, sabría que hice una diferencia en la vida de esa persona y podría sentirme satisfecho de saber que mi tiempo no fue en vano.
Así pues, todo esto considerado, puedo decir que sí, soy rico, y el dinero… el dinero no tiene nada que ver.
.he.